Consejos para permanecer cuerdo y productivo mientras trabajas de manera remota

¿Tienes que trabajar desde casa? Te presentamos 10 consejos para permanecer cuerdo y productivo mientras trabajas de manera remota.

Por Chris Robley

10 consejos para permanecer cuerdo y productivo mientras trabajas de manera remota

Durante la pandemia del Coronavirus, en CD Baby todo el mundo está trabajando de manera remota. Nuestro negocio es completamente operativo, y podemos seguir manteniendo en marcha todos nuestros servicios habituales, así como la asistencia a los artistas. Pero durante las próximas semanas todo el mundo va a tener que encontrar nuevos ritmos para asumir su flujo de trabajo.

¿También te has visto trabajando desde casa de repente? Soy de las pocas personas en CD Baby que SIEMPRE trabaja desde casa, así que tengo unos consejos preparados para que puedas permanecer cuerdo y productivo mientras trabajas de manera remota.

  1. No revises tu teléfono al salir de la cama

Este es un buen consejo en general. No empieces a tener tu cerebro ajetreado desde el momento en que te despiertes. Levántate. Bébete un café o un té. Habla con los demás seres sensibles de la casa. Imponte un ritual que deje fuera los dispositivos electrónicos.

  1. Mantén un (breve) desplazamiento al trabajo

De igual modo que con el teléfono, NUNCA salgas de la cama y enciendas el ordenador por cuestiones de trabajo. Es muy fácil caer en esta trampa cuando trabajas desde casa. Cuando no hay diferencia entre el sitio donde vives y tu lugar de trabajo, el trabajo puede interferir en tu vida de maneras que al principio apenas advertirás.

En un día normal de tu semana laboral, tu mente y tu cuerpo disponen de un tiempo para adaptarse mientras vas y vienes de tu casa al trabajo en tu coche o en el transporte público. Tal vez utilices ese tiempo en escuchar podcasts, la radio, en leer el periódico o jugar a algún juego en tu teléfono.

Trata de reflejar parte de esta fase de adaptación en tu rutina de trabajo remoto, y haz una distinción clara entre el ANTES DE y el DURANTE el trabajo. Prepara a tus hijos para el día o simplemente disfruta de tu desayuno, APARCA EL TRABAJO hasta que sea oficialmente la hora de iniciar.

Hasta ese momento, haz de tu tiempo algo sagrado y empléalo en provecho de ti mismo o de tu familia. Después haz tu transición intencionada al trabajo – a través de la casa, las escaleras, o incluso de otra parte de la habitación. Piensa para ti mismo, «Ahora estoy yendo al trabajo”.

¿Tienes autoestima? Ponte camisa y corbata.

¿Eres un músico sinvergüenza? Quédate en pijama, pero…

  1. «No trabajes donde duermes»

Suena como otra frase fabricada, ¿verdad? Esta otra frase fabricada es un consejo que merece la pena seguir.

Si puedes, destina un sitio de tu casa a trabajar, incluso si esto consiste simplemente en cambiar de una silla a otra en la mesa de tu cocina.

Repito, el trabajo puede interferir en el resto de tu vida cuando trabajas desde casa. No quieres llevarte tus preocupaciones laborales a la cama, o al sofá donde normalmente te relajas y ves la tele, o al cuarto de baño (en serio, no metas tu portátil en el baño, no seas desagradable.)

Así que delimita un pequeño rincón de tu casa en el que tu mente pueda enfocarse exclusivamente en el trabajo, y después olvídate de ese trabajo cuando estés en cualquier otra parte de la casa.

  1. Márcate unos horarios más estrictos, no trabajes más horas

No tendrás las conversaciones improvisadas que tienes que tener en el trabajo. Tampoco las tormentas de ideas presenciales o los chistes y gracias de las que sirven para crear compañerismo en tu equipo. Esto disminuirá la necesidad de programarte para encontrar el equilibrio adecuado entra la interacción con el equipo y el tiempo protegido para el trabajo individual.

  1. Protege tu tiempo despiadadamente: DI NO

Lo he dicho más arriba, pero merece la pena repetirlo; Programarte NO significa llenar tu día con un puñado de reuniones virtuales. Significa planificar con intención cómo vas a emplear tu tiempo. A menudo esto puede suponer PROHIBIR las reuniones en determinados momentos para poder centrarte en los proyectos.

Puedes decir NO a las cosas. Puedes sugerir que las reuniones más largas se acorten antes de comprometerte a asistir. Y también deberías preservar…

  1. Las pausas, las meriendas, los estiramientos, el almuerzo

Es fácil saltarse los descansos cuando el estrés aumenta. Quieres demostrar que estás trabajando duro cuando tus jefes no te están viendo. Quieres demostrar al equipo que estás conectado a ellos y ayudándoles a alcanzar sus objetivos.

Pero tu salud y productividad a largo plazo están ligados a tu bienestar general. Haz estiramientos a lo largo del día, sobre todo si no tienes un asiento ergonómico en casa. Cierra el ordenador y almuerza. Escucha música. Sal a dar una vuelta. Tu cerebro y tu cuerpo necesitan hacer pausas.

  1. Habla de más

Cualquiera que trabaje desde casa sabe lo extrañas que pueden resultar las reuniones a través de Zoom, Skype o Ring Central. Es difícil saber cuándo intervenir en la conversación porque tienes encendido el botón de silencio, porque la transmisión en directo sufre retrasos, o porque te preocupa que todos estén viendo la extraña arruga que tienes en la frente.

La tendencia natural en esta situación es quedarse callado y respetuoso, pues no quieres que parezca que interrumpes. Pero tienes que resistirte a esta tendencia. Fuérzate a hablar, incluso aunque eso suponga pisar las palabras de otro por un segundo. Los demás entenderán que el mencionado retraso es la explicación a la mayoría de tus aparentes malas elecciones del momento oportuno (a menos que seas un patán – en cuyo caso, por favor, ignora este punto de la lista).

Además, cuando no estés en la oficina, necesitarás hablar más a menudo durante las videoconferencias con el resto del equipo para compensar la falta de presencia física. Por lo menos podrás en parte reconfortarte sabiendo que TODOS están en el mismo barco. Mala iluminación. Habitaciones desordenadas. Pausas molestas.

  1. No consultes el correo durante las primeras horas de trabajo

Esto puede parecer una locura, especialmente si el correo electrónico es una forma de comunicación importante entre los miembros de tu equipo.

Pero el asunto es el siguiente: Cuando abres el email temprano por la mañana, empiezas por atender las prioridades de LOS DEMÁS. No estás organizándote el día según TUS necesidades de trabajo.

Lo más probable en cualquier caso es que la mitad de tu email sea basura. Así que comprométete a destinar unas horas sagradas para trabajar en lo que más importa. Después podrás reservar la segunda parte del día a entrar en el «modo emergencia». Para entonces algunas emergencias se habrán resuelto milagrosamente por sí solas sin tu intervención.

  1. Acepta que ahora mismo la vida es una locura

La verdad es esta: es probable que durante las próximas semanas o meses no des lo mejor de ti mismo. Al menos no en la cantidad que sueles darlo. Perdónate por anticipado. Tal vez tienes un hijo cuyo colegio ha cerrado, un miembro de la familia que está enfermo y necesita que lo cuiden, o simplemente una gran cantidad de desafíos domésticos debido a la escasez de alimentos y suministros.

Esta no es una justificación para hacer el vago o desarrollar malos hábitos. La realidad del momento que estamos pasando significa que es tiempo de hablar claramente con tu equipo o jefes acerca de las expectativas. Si tu horario necesita cambiar para adaptarse a otros factores, asegúrate de que todo el mundo está al corriente para que sepan cuando pueden confiar en ponerse en contacto contigo. Si tienes tiempo libre pagado o permiso por asuntos familiares, no tengas miedo de utilizarlo. ¡Por una vez se da la ocasión!

  1. Está todo bien: Tus hijos pueden ver la tele y comer pizza congelada

Si tienes hijos, probablemente estén ahora mismo en casa contigo. Y pobre de ti si tienes normas o «estándares» para tus pequeños niños perfectos.

Tal vez acostumbres a alimentarlos con alguna chuminada-libre-de-organismos-genéticamente-modificados procedente del mercado de agricultores locales o algo por el estilo. Quizá te gustaría que leyeran a Shakespeare y Audre Lorde tranquilamente mientras tú trabajas en la habitación contigua.

Pero… Ejem, son niños y tú tienes trabajo.

Las normas son saludables hasta que se vuelven imposibles de manejar. Date un respiro. Intenta encontrar el equilibrio adecuado entre el orden y el caos.

Tus niños no necesitan representar El Señor de las Moscas con el objetivo de que tú termines tu trabajo, pero tú tampoco tienes que irrumpir y abalanzarte sobre ellos para intervenir en cada momento delicado. Recompénsalos cuando pasen largos ratos jugando solos o estudiando por su cuenta. Y recuerda que unas pocas semanas pasando algo más de tiempo del habitual delante de una pantalla no los convertirá en sociópatas.

Ellos YA son sociópatas. ¡Son niños!

; )

Y lo más importante: SAL DEL TRABAJO

Al final de tu jornada laboral, aparca el trabajo. Créeme: si no lo haces, el trabajo te seguirá a la cena, a la cama, se meterá en tus sueños (¡terrorífico!) En lugar de esto, usa ese tiempo para centrarte en ti mismo, en tu compañero, en tu familia. Haz todo lo que esté en tus manos para mantenerte sano y a salvo mientras estés viviendo y trabajando en el mismo sitio.

¿Algún consejo más que añadir? Cuéntanoslo en los comentarios.

 


 

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